Los escribanos de Guadalajara: guardianes de letras y oficios en el corazón tapatío
- heyjaliscoo
- 25 jun 2025
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En el bullicioso corazón de Guadalajara, justo detrás de Plaza Tapatía y a unos pasos del majestuoso Teatro Degollado, solía escucharse un sonido inconfundible: el tac-tac-tac de las máquinas de escribir. Eran los escribanos, personajes entrañables que formaron parte del paisaje urbano por décadas y que, con tinta, papel y mucha paciencia, ofrecían un servicio esencial para la gente de a pie.
No todos sabían escribir, redactar un oficio legal o llenar formularios complicados. Para eso estaban ellos: expertos en gramática, con buena ortografía y un trato amable. Se instalaban con sus mesitas y sillas plegables, muchas veces bajo sombrillas o carpas improvisadas, y ponían su máquina lista para servir a quien lo necesitara. Desde cartas de amor hasta peticiones legales, constancias, declaraciones o incluso currículums… todo lo escribían a mano o con máquina, a la vista de todos.
Su lugar no era casual: elegían zonas estratégicas del Centro Histórico, como el paso entre la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y la Plaza Tapatía, porque ahí transitaban personas de todos los barrios y municipios, en busca de hacer trámites o gestiones. Los escribanos se volvieron una especie de notarios del pueblo, con sabiduría callejera y humanidad de sobra.
Muchos eran adultos mayores o profesionistas retirados que encontraban en este oficio una forma de mantenerse activos y útiles para la comunidad. Algunos incluso heredaban la máquina y el lugar, como si se tratara de una tradición familiar.
Aunque con el tiempo su presencia fue disminuyendo por la digitalización de los trámites, aún es posible encontrarlos ocasionalmente, resistentes al paso del tiempo y la modernidad, con su maquinita lista para teclear la historia de alguien más.
Son un recordatorio vivo de que, en Jalisco, también se honra la memoria de los oficios que ayudaron a construir esta ciudad.
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