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Barro canelo y barro betus: dos joyas artesanales que nacieron en Tonalá y mantienen viva la identidad de Jalisco

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 3 jul
  • 2 min de lectura

Cuando se habla de las artesanías de Jalisco, es imposible no pensar en Tonalá. Pero entre la enorme riqueza alfarera del municipio destacan dos técnicas que han dado fama internacional a las manos jaliscienses: el barro canelo, originario del Barrio de El Rosario, y el barro betus, característico de Santa Cruz de las Huertas. Ambas representan siglos de tradición y el talento de familias que han heredado su oficio de generación en generación.

El barro canelo, conocido también como "barro de olor", es una de las técnicas cerámicas más antiguas de Jalisco. Su nombre proviene del tono café rojizo que adquieren las piezas después de la cocción, muy parecido al color de la canela. Durante siglos ha sido utilizado para fabricar botellones, cántaros, jarras, cazuelas y vajillas que conservan el agua fresca gracias a la porosidad natural del barro. Muchas personas aún recuerdan el aroma y el sabor especial que el agua adquiría al almacenarse en estos recipientes, de ahí el nombre de "barro de olor". Además, los artesanos logran sus característicos colores utilizando minerales presentes en la misma tierra de Tonalá, una técnica que ha sobrevivido desde tiempos prehispánicos.


A pocos kilómetros de ahí, en Santa Cruz de las Huertas, nació otra expresión única: el barro betus, también conocido como cerámica fantástica. Sus piezas destacan por sus intensos colores, figuras imaginativas y un brillo inconfundible que originalmente se obtenía mediante una resina natural llamada betus, extraída de árboles de la región. Hoy es común encontrar gallos, árboles de la vida, nahuales, diablos, animales fantásticos, juguetes tradicionales y personajes llenos de color que reflejan la creatividad de los artesanos tonaltecas.


El barro betus alcanzó reconocimiento internacional gracias a maestros como Candelario Medrano, cuyas creaciones fueron consideradas verdaderas obras de arte popular por su estilo fantástico y surrealista. Desde entonces, Santa Cruz de las Huertas se convirtió en el principal referente de esta técnica, que continúa siendo elaborada por familias artesanas que preservan el legado de sus antepasados.


Más que objetos decorativos o utilitarios, estas artesanías representan la historia de Tonalá y de Jalisco. En cada pieza hay conocimientos transmitidos durante generaciones, el aprovechamiento de los recursos naturales y una identidad cultural que ha logrado trascender fronteras.


Visitar los talleres de El Rosario y Santa Cruz de las Huertas es conocer de cerca el proceso artesanal, observar cómo el barro cobra vida entre las manos de sus creadores y comprender por qué Tonalá es considerada una de las grandes capitales de la alfarería mexicana.


Porque en Jalisco, el barro no solo se moldea: también cuenta historias.

 
 
 

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