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Cuando la Plaza de la Bandera era un zoológico de arbustos

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

En la Guadalajara de los 70 y 80, la Plaza de la Bandera no solo era punto de paso: era escenario de imaginación pura. En medio del concreto y las avenidas agitadas, los arbustos del jardín se transformaban en elefantes, conejos, aves y figuras caprichosas que parecían salidas de un cuento. No era Disneylandia tapatía… pero para quienes crecieron en la colonia Atlas, en Medrano o caminaban por la calle Cuitláhuac rumbo a casa de los abuelos, lo parecía.

Las tardes tenían otro ritmo. Las mamás se sentaban en las bancas, los niños corrían alrededor de los animales verdes y siempre había alguien dispuesto a tomarse la foto del recuerdo frente al arbusto más simpático. Era un orgullo decir: “vamos a la Plaza de la Bandera”, porque ahí vivía una pequeña jungla urbana hecha con tijeras, paciencia y mucha creatividad.

Cuentan que el jardinero —al que todos apodaban “El Gavilán”— era el artista detrás de aquellas figuras. Celoso de su obra, dicen que soltaba chiflidos para ahuyentar a los chamacos traviesos que querían treparse al elefante vegetal o arrancarle una hoja al conejo. Entre regaños y risas, se volvió personaje del barrio. Parte del paisaje. Parte de la memoria.

Hoy esos arbustos ya no están. El jardín cambió, como cambió la ciudad. La modernidad fue borrando detalles que parecían pequeños, pero que sostenían la magia cotidiana de generaciones enteras. Ya no hay animales verdes que custodien las bancas ni silbidos que corran a los niños.

Lo que queda es la añoranza. Esa sensación de que Guadalajara antes tenía rincones que no solo se cruzaban: se vivían. Y aunque las figuras desaparecieron, sobreviven en las historias que se cuentan con una sonrisa y un “¿te acuerdas?”. Porque hay paisajes que, aunque los quiten, nadie los poda de la memoria.

 
 
 

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