El afilador de cuchillos: el sonido de las calles que se resiste a desaparecer en Jalisco

Su silbato anuncia mucho más que un servicio: es parte de la memoria sonora de Guadalajara, un oficio que pasa de generación en generación y que mantiene viva la cultura de reparar antes de reemplazar.
Hay sonidos que cualquier tapatío puede reconocer sin necesidad de asomarse a la ventana. Uno de ellos es esa melodía aguda que recorre las calles y anuncia la llegada del afilador de cuchillos. Por unos segundos, el ruido de los coches y las conversaciones del barrio queda acompañado por un personaje que lleva décadas formando parte de la vida cotidiana de Guadalajara.
Aunque hoy ya no se escucha con la misma frecuencia en todas las colonias, el oficio continúa presente y representa una de esas tradiciones urbanas que conectan a distintas generaciones. Su importancia no está únicamente en el sonido, sino en el trabajo artesanal que hay detrás.
Un silbato que anuncia la llegada del oficio
Antes de que los mensajes llegaran por WhatsApp y de que cualquier servicio se buscara desde el celular, el afilador recorría las calles para avisar que estaba cerca. Su silbato funcionaba como una especie de llamado vecinal: quien lo escuchaba podía salir con sus cuchillos, tijeras, navajas o herramientas que necesitaban recuperar el filo.
En Guadalajara, este oficio tiene historias que se remontan a varias generaciones. En 2017, el medio cultural Ciudad Olinka documentó el recorrido de Alfredo Valles Covarrubias, quien llevaba 25 años trabajando como afilador ambulante y aprendió el oficio de su padre y sus tíos. Su ruta incluía distintas colonias de la ciudad y zonas como Mexicaltzingo y los alrededores del Estadio Jalisco.
El sonido característico, además, forma parte de la memoria colectiva. La Fonoteca Nacional lo ha reconocido entre los sonidos tradicionales que las personas asocian con la vida cotidiana y que se han vuelto menos comunes con el paso del tiempo.
Un trabajo de precisión entre chispas y metal
Detrás de la melodía hay técnica, experiencia y paciencia. El afilador utiliza una piedra abrasiva o esmeril para recuperar el filo de cuchillos, tijeras, machetes y otras herramientas. El trabajo requiere controlar el ángulo de la hoja, la presión y el tiempo de contacto para no dañar el metal.
Durante años, la bicicleta adaptada fue una de las imágenes más representativas del oficio: el afilador llevaba su equipo y podía accionar el mecanismo de afilado mediante el pedaleo. Con el tiempo, algunos trabajadores incorporaron motores y otros equipos, adaptándose a las necesidades de cada época.
Su clientela también habla de la utilidad del oficio. Cocineras, carniceros, taqueros, estilistas, comerciantes y familias necesitan herramientas que funcionen bien. Afilar permite prolongar su vida útil y evitar comprar otras cada vez que pierden el filo.
¿Por qué cada vez es menos común escucharlo?
Como muchos oficios tradicionales, el del afilador enfrenta cambios en los hábitos de consumo, la competencia y la transformación de las calles. La gente ya no siempre reconoce su silbato o tiene la costumbre de salir a buscarlo, mientras que los trabajadores deben recorrer más distancia para encontrar clientes.
Sin embargo, el oficio no ha desaparecido. En Guadalajara también hay negocios establecidos que conservan el conocimiento de varias generaciones. Un ejemplo es la afiladuría del Mercado Libertad, en San Juan de Dios, cuya historia familiar fue documentada por El Informador y se remonta a finales del siglo XIX.
Una tradición que vale la pena escuchar
El afilador es parte de esa identidad que no siempre aparece en las postales turísticas, pero que se construye todos los días: en los mercados, las colonias y los pequeños negocios donde el trabajo manual sigue teniendo un lugar.
La próxima vez que escuches su silbato, vale la pena detenerse un momento. Detrás de esa melodía hay años de experiencia, una forma de ganarse la vida y una tradición que recuerda algo sencillo: en Jalisco, la historia también se cuenta a través de los sonidos de sus calles.




Comentarios