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El Padre Galván: el sacerdote mártir que dio identidad a uno de los templos más impresionantes de Guadalajara

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • hace 15 horas
  • 2 Min. de lectura

En la calle Hospital, en pleno barrio de El Retiro, se levanta una de las construcciones religiosas más impresionantes de Guadalajara: el Templo de Nuestra Señora del Rosario, mejor conocido por los tapatíos como “el Templo del Padre Galván”. Su arquitectura neogótica, torres puntiagudas y cantera labrada hacen que muchos lo comparen con una catedral europea en medio de la ciudad.

Pero detrás del famoso templo existe una historia marcada por la fe y el martirio. El sacerdote al que hace referencia su nombre popular fue San David Galván Bermúdez, un joven presbítero jalisciense nacido en Guadalajara en 1881. Durante los años de la Revolución Mexicana, el padre Galván se dedicó a atender enfermos, personas pobres y heridos de los enfrentamientos armados.

En enero de 1915, mientras auxiliaba a personas heridas durante un conflicto entre tropas villistas y carrancistas cerca del Centro de Guadalajara, fue detenido por soldados y acusado de ayudar al enemigo. Pese a las peticiones de vecinos y fieles, fue fusilado el 30 de enero de ese mismo año sobre la calle Coronel Calderón, muy cerca del lugar donde décadas después se construiría el templo que hoy lleva su nombre popularmente.

Sus restos fueron trasladados posteriormente al interior del recinto y la devoción de los habitantes del barrio convirtió al sacerdote en símbolo espiritual de la zona. Años después, David Galván sería canonizado por el papa Juan Pablo II como uno de los Santos Mártires Mexicanos.

El templo comenzó a construirse en 1924 por iniciativa del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, bajo diseño del arquitecto y sacerdote Pedro Castellanos Lambley. La obra fue interrumpida por la Guerra Cristera y retomada en 1938 hasta concluirse varias décadas después.

Además de su estilo neogótico, el recinto destaca por detalles únicos: vitrales monumentales, columnas elevadas y figuras de ángeles vestidos de mariachi y china poblana tallados en cantera, una mezcla entre simbolismo religioso e identidad mexicana que lo vuelve único en el país.


Hoy, el templo sigue siendo uno de los secretos arquitectónicos más sorprendentes de Guadalajara y un símbolo del antiguo barrio de El Retiro, donde la historia, la fe y la arquitectura todavía parecen resistir el paso del tiempo.

 
 
 

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