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El árbol navideño más querido de Guadalajara volvió a brillar en Plaza del Sol 

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura
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Guadalajara ya huele a ponche, a buñuelo y a Navidad. Y como cada año —desde hace 56 años—, el corazón de las fiestas decembrinas volvió a encenderse en Plaza del Sol, la plaza comercial más antigua y emblemática de nuestra ciudad. Su ya tradicional árbol navideño de 28 metros de altura iluminó la noche y las sonrisas de miles de familias tapatías que se reunieron para vivir uno de los momentos más esperados de la temporada.

Desde temprano, los pasillos del centro comercial se llenaron de niñas y niños emocionados, globos de colores, luces, tambores y ese ambiente festivo que distingue a las navidades en Guadalajara. Conforme caía la tarde, la expectativa crecía: los más pequeños contaban los minutos para la cuenta regresiva, mientras los adultos recordaban las Navidades de su infancia, cuando ellos mismos venían con sus papás a ver encender “el arbolote” de Plaza del Sol.

Y por fin, cuando el reloj marcó el momento, el gigante navideño cobró vida. La estructura iluminada comenzó a narrar una historia mágica: bailarinas, duendes, renos, soldados de plomo, esferas y caramelos salieron a escena para envolver a todos en un espectáculo lleno de color, música y fantasía. La nieve artificial cayó sobre el público y los niños estallaron en gritos de emoción. La Navidad, literalmente, estaba en el aire.

Además, este año la celebración destacó por la excelente organización y la seguridad para las familias, garantizando una experiencia tranquila, festiva y muy tapatía. También se instaló el tradicional módulo de Compra y Gana, donde los visitantes pueden participar en la tómbola de pelotas cuando realizan sus compras navideñas.

El árbol estará encendido y recibiendo visitantes hasta el 4 de enero, así que si todavía no te tomas la foto con este ícono navideño, estás a tiempo. Plaza del Sol vuelve a recordarnos por qué este árbol, con más de medio siglo de historia, no es solo una tradición: es un pedacito de la Navidad tapatía que se hereda de generación en generación.

Porque en Guadalajara, la magia brilla más cuando se comparte.

 
 
 

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