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Jima: el arte que da vida al tequila

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 28 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

Antes de que una copa de tequila llegue a la mesa, hay manos que sangran, espinas que se esquivan y generaciones que han entregado el alma a un solo oficio: la jima.

En los campos de agave de Jalisco, especialmente en zonas como Amatitán, Tequila, Atotonilco el Alto y Arandas, los jimadores inician su jornada con el sol apenas asomándose. Con su coa (esa especie de cuchilla redonda con mango largo), cortan las pencas del agave azul tequilana Weber con una precisión que solo se aprende viendo y haciendo, una y otra vez, desde niño.

🔥 La jima no es cualquier cosa. Es uno de los pasos más importantes en la elaboración del tequila: si el corazón del agave no se corta bien, puede afectar el sabor, el aroma y hasta la calidad del destilado. Por eso, los mejores jimadores son casi cirujanos del campo.

Pero no todo es poesía. Jimar es rudo. Bajo el sol, entre espinas filosas y suelos duros, los riesgos son reales: cortes, agotamiento, picaduras y lesiones. Aun así, hay familias enteras que llevan décadas dedicadas a esta labor, con un respeto profundo por la tierra y el agave.

🌾 Cada piña que cae al suelo no solo es materia prima. Es el resultado de años de crecimiento, trabajo duro y saber heredado. Y aunque hoy muchas industrias tequileras buscan mecanizar partes del proceso, la jima sigue siendo un símbolo del alma del tequila: fuerte, honesto y orgullosamente mexicano.

Así que la próxima vez que brindes con un caballito de tequila, acuérdate de las manos que lo hicieron posible. Porque detrás de cada trago, hay una historia que se sembró, se cuidó y se cortó con precisión en los campos de Jalisco.

 
 
 

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