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La Casa de los Perros: la casona tapatía donde nació un periódico insurgente y donde las leyendas nunca se han callado

Foto del escritor: heyjaliscoo
heyjaliscoo
hace 3 horas
3 min de lectura

En pleno Centro Histórico de Guadalajara, dos perros parecen vigilar desde las alturas a quienes caminan por avenida Fray Antonio Alcalde. No ladran, no se mueven y llevan más de un siglo custodiando una de las fachadas más reconocibles de la ciudad. Es la Casa de los Perros, un inmueble que combina arquitectura neoclásica, historia del periodismo mexicano y leyendas que todavía despiertan curiosidad.

Actualmente alberga el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG), pero su historia comenzó mucho antes de convertirse en museo.

De una imprenta a un edificio emblemático

En 1792, en el terreno que ocupa la actual finca, Mariano Valdés Téllez Girón estableció la primera imprenta de Guadalajara, considerada también la primera de la entonces Nueva Galicia.

Años después, el lugar se convirtió en protagonista de un episodio fundamental de la Independencia de México. En 1810 se imprimió ahí El Despertador Americano, periódico insurgente impulsado por Miguel Hidalgo y redactado por el sacerdote Francisco Severo Maldonado. Sus páginas buscaban difundir las ideas del movimiento independentista y convocar a la población a sumarse a la causa.


La casa que conocemos actualmente fue construida a finales del siglo XIX. El ingeniero Arnulfo Villaseñor Carrillo estuvo a cargo del proyecto de remodelación y ampliación, concluido en 1896, por encargo de José Flores y su esposa Ana González Rubio.

Su fachada de inspiración neoclásica destaca por la cantera labrada, la composición simétrica, sus balcones y, por supuesto, las dos esculturas de perros pointer colocadas sobre las cornisas.

Las figuras fueron fabricadas por la empresa J. L. Mott Iron Works, en Nueva York. Desde entonces, se convirtieron en la característica más reconocible del inmueble.

¿Por qué se llama Casa de los Perros?

Aunque el nombre parece obvio por las esculturas que coronan la fachada, existe otra versión sobre el origen del apodo.

Una de las historias señala que la finca perteneció a un sastre que tenía especial cariño por los perros, por lo que comenzó a ser identificada de esa manera mucho antes de que las esculturas se convirtieran en sus protagonistas.


Con el paso del tiempo, la casa tuvo distintos propietarios y usos. Fue residencia, restaurante y atravesó una etapa de abandono. Además, durante la ampliación de avenida Alcalde, a mediados del siglo XX, perdió parte de su estructura original: la fachada fue prácticamente lo único que permaneció intacto.

Los perros que cobran vida y otras leyendas

Como sucede con muchas construcciones antiguas de Guadalajara, la Casa de los Perros también tiene su repertorio de historias inquietantes.

La más conocida asegura que las esculturas cobran vida durante la noche y caminan por la cornisa para vigilar la propiedad. Otros relatos hablan de apariciones relacionadas con sus antiguos habitantes.

Pero hay una leyenda todavía más peculiar: la de las escrituras de la casa.


Se cuenta que José Flores, uno de sus antiguos propietarios, habría dejado una condición sobrenatural para quien quisiera quedarse con la propiedad: acudir a su tumba en el Panteón de Mezquitán a medianoche y rezar nueve rosarios. Quien lograra cumplir el ritual recibiría las escrituras de la finca.

La historia ha sido contada durante décadas, aunque no existe evidencia de que haya ocurrido. Es parte del folclore urbano que rodea a este inmueble.

De casa abandonada a museo

Después de años de deterioro, el Ayuntamiento de Guadalajara adquirió la propiedad y la destinó a un proyecto cultural. El 11 de agosto de 1994 abrió sus puertas como Museo del Periodismo y las Artes Gráficas.

Hoy, el recinto recuerda la evolución de la prensa, la impresión y los medios de comunicación, además de conservar la memoria de un edificio que fue testigo de momentos importantes para la historia de Jalisco y México.

La próxima vez que pases por avenida Alcalde, levanta la mirada: esos dos perros de metal no solo adornan una casona. Custodian una parte de la historia de Guadalajara.

 
 
 

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