top of page
  • Facebook
  • Instagram
  • TikTok

Mathias Goeritz: el artista alemán que dejó una huella monumental en Guadalajara

Foto del escritor: heyjaliscoo
heyjaliscoo
hace 3 minutos
3 min de lectura

Un pájaro amarillo de enormes dimensiones, una amistad creativa con Luis Barragán y una forma distinta de entender la arquitectura. Mathias Goeritz fue mucho más que un artista extranjero que llegó a México: durante su estancia en Guadalajara ayudó a impulsar una nueva visión del arte, en la que los edificios, las esculturas y los espacios públicos podían provocar emociones.


Aunque su nombre suele relacionarse con las famosas Torres de Satélite, su historia con Jalisco comenzó antes, en 1949, cuando llegó a Guadalajara invitado por el arquitecto Ignacio Díaz Morales para incorporarse a la recién fundada Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara.

El artista que quería emocionar, no solamente construir

Nacido en 1915 en Danzig, entonces parte de Alemania, Goeritz se formó en el arte, la filosofía y la historia del arte. Su visión estuvo influida por las corrientes de vanguardia europeas y por la enseñanza de la Bauhaus, que promovía el diálogo entre arte, diseño y arquitectura.


En Guadalajara impartió clases y desarrolló un taller de educación visual que invitaba a los estudiantes a explorar la creatividad más allá de las fórmulas académicas. Su influencia fue importante para abrir nuevas posibilidades en la enseñanza artística y arquitectónica de la ciudad.

Su pensamiento quedó asociado con la llamada arquitectura emocional, una propuesta que defendía que los espacios debían despertar sensaciones y experiencias, además de cumplir una función práctica. Esta idea se convertiría en uno de sus principales aportes al arte moderno mexicano.

El Pájaro, la obra monumental que puedes encontrar en Guadalajara

Una de sus huellas más visibles en el paisaje urbano tapatío.

"Mathias Goeritz El Pájaro Jardines del Bosque Guadalajara escultura amarilla"

Si hay una obra que permite reconocer su legado en Guadalajara, es El Pájaro, una escultura monumental de color amarillo ubicada en el entorno de las avenidas Arcos e Inglaterra, en la colonia Jardines del Bosque.

Creada en colaboración con el arquitecto Luis Barragán durante la década de 1950, la pieza fue concebida como un elemento escultórico para anunciar el acceso al fraccionamiento Jardines del Bosque. Sus formas geométricas y su tamaño la convierten en una presencia singular dentro de la ciudad.

La escultura también representa el encuentro de dos figuras fundamentales de la arquitectura y el arte mexicano: Barragán, reconocido por su uso del color, la luz y los espacios íntimos, y Goeritz, interesado en las formas abstractas y en la capacidad del arte para transformar la experiencia de quienes lo contemplan.

De Guadalajara a las Torres de Satélite

En 1952, Goeritz se trasladó a la Ciudad de México, donde desarrolló algunos de sus proyectos más conocidos. Entre ellos está el Museo Experimental El Eco, un espacio que integró arquitectura, escultura y otras expresiones artísticas bajo los principios de la arquitectura emocional.

También colaboró con Luis Barragán y el pintor Jesús Reyes Ferreira en las Torres de Satélite, conjunto escultórico inaugurado en 1958 que se convirtió en uno de los símbolos de la arquitectura moderna mexicana.

Aunque su trayectoria alcanzó reconocimiento nacional e internacional, Guadalajara ocupa un lugar especial en su historia: fue la ciudad donde comenzó su etapa mexicana, ejerció la docencia y participó en un ambiente cultural que buscaba nuevas maneras de concebir el arte.

¿Por qué importa su legado en Guadalajara?

La aportación de Mathias Goeritz va más allá de una escultura amarilla que muchos tapatíos han visto al pasar por Jardines del Bosque, quizá sin conocer su historia. Su trabajo ayudó a consolidar una visión en la que el arte podía integrarse a la vida cotidiana y modificar la forma en que las personas experimentan los espacios urbanos.

Su historia también recuerda que Guadalajara fue un punto de encuentro para artistas, arquitectos y docentes de distintas partes del mundo, cuyas ideas contribuyeron a transformar la cultura mexicana del siglo XX.

La próxima vez que pases junto a El Pájaro, mira sus formas con otros ojos: no es solamente una escultura en medio de la ciudad, sino una pieza del legado de un artista que defendía que la arquitectura y el arte también deben hacernos sentir.

 
 
 

Comentarios


bottom of page