Ramenudo: el platillo tapatío que mezcló Japón con la tradición jalisciense
- heyjaliscoo
- hace 3 horas
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En Guadalajara hay combinaciones que simplemente funcionan: tequila y mariachi, torta ahogada y birote… y ahora también el ramen con menudo. Sí, existe, se llama “ramenudo” y se ha convertido en uno de los experimentos gastronómicos más curiosos y virales de Jalisco.
Este platillo nace de la fusión entre dos mundos completamente distintos: el ramen japonés y el tradicional menudo mexicano, ese caldo espeso y picosito que durante décadas ha sido remedio de desveladas, crudas y domingos familiares en muchos hogares tapatíos.
La idea parece imposible hasta que llega a la mesa. El ramenudo conserva el característico caldo rojizo del menudo jalisciense, preparado con chile y especias, pero incorpora fideos orientales, huevo marinado, cebollín, ajonjolí y en algunos casos hasta alga nori o pork belly. El resultado es una mezcla intensa, reconfortante y bastante fotogénica.
Más allá de lo extravagante, el ramenudo refleja algo muy típico de Guadalajara: su capacidad de reinterpretar tradiciones sin perder identidad. La ciudad lleva años viviendo un boom gastronómico donde cocinas internacionales se mezclan con sabores locales. Aquí los chefs no le tienen miedo a cruzar fronteras culinarias, y este platillo es prueba de ello.
Además, el ramen encontró terreno fértil en la Perla Tapatía. La cultura japonesa tiene una presencia importante en la ciudad gracias a restaurantes, festivales y comunidades interesadas en la cocina asiática. Por otro lado, el menudo sigue siendo uno de los platillos más queridos de Jalisco. El ramenudo apareció justo donde ambos universos podían convivir.
Hoy ya existen restaurantes y cocinas experimentales que lo preparan en distintas versiones: algunos más apegados al sabor tradicional del menudo, otros mucho más orientales. Pero todos comparten la misma esencia: convertir un caldo de barrio en una experiencia contemporánea.
Tal vez para algunos puristas sea una locura culinaria. Para otros, es exactamente lo que representa Guadalajara en 2026: una ciudad orgullosa de sus raíces, pero siempre dispuesta a mezclar sabores, culturas e ideas nuevas.




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