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Quelites: el tesoro verde que ha alimentado a Jalisco desde tiempos prehispánicos

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 2 jun
  • 2 min de lectura

Mucho antes de que existieran los supermercados, las ensaladas gourmet o los suplementos alimenticios, los pueblos originarios de México ya conocían uno de los secretos mejor guardados de la cocina tradicional: los quelites.


La palabra proviene del náhuatl quilitl, que significa "hierba comestible" o "planta tierna". Más que una sola especie, el término agrupa decenas de plantas silvestres que durante siglos han formado parte de la alimentación de las comunidades rurales mexicanas, incluyendo muchas regiones de Jalisco.


En los campos jaliscienses es común encontrar quelites como el quintonil, la verdolaga, el huauzontle, la lengua de vaca, el cenizo y otras variedades que crecen de manera natural durante la temporada de lluvias. Lo que para algunos podría parecer simplemente maleza, para generaciones de campesinos ha sido una fuente importante de alimento.


Los quelites son apreciados por su sabor fresco y ligeramente herbal. Dependiendo de la especie, pueden tener notas suaves, terrosas o incluso un ligero toque ácido. En la cocina tradicional suelen prepararse guisados con jitomate y chile, acompañando frijoles de olla, en quesadillas, tamales, sopas o simplemente salteados con ajo y cebolla.


Además de su valor gastronómico, son reconocidos por su aporte nutricional. Muchas variedades contienen vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes que han sido aprovechados por las comunidades mexicanas desde tiempos prehispánicos.


En municipios rurales de Jalisco, especialmente en Los Altos, el sur del estado y algunas zonas serranas, los quelites continúan formando parte de la cocina familiar. Durante el temporal es común ver a personas recolectándolos en parcelas, caminos y huertos, manteniendo viva una práctica heredada de padres y abuelos.


En los últimos años, chefs, cocineras tradicionales e investigadores han impulsado su rescate, reconociéndolos como parte fundamental del patrimonio gastronómico mexicano. Lo que alguna vez fue considerado comida cotidiana del campo, hoy comienza a ocupar un lugar destacado en restaurantes y festivales culinarios.


Los quelites son un recordatorio de que la riqueza gastronómica de Jalisco no solo se encuentra en la birria, las tortas ahogadas o el tequila. También vive en los saberes del campo, en las recetas de las abuelas y en esas plantas humildes que durante siglos han alimentado a generaciones enteras.


Porque a veces los mayores tesoros de la cocina mexicana nacen, literalmente, de la tierra.

 
 
 

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