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Cristina Taylor: el chocolate como herencia, oficio y conciencia

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 26 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

Para Cristina Taylor, el chocolate no es solo un producto: es historia, identidad y una forma de conectar con las raíces de México. Chef apasionada por la exploración de sabores y técnicas, decidió transformar ese amor en un proyecto propio: un taller artesanal de chocolate que hoy lleva su nombre y que se ha convertido en un espacio de aprendizaje, innovación y conciencia social.

Desde sus inicios, el proyecto de Cristina ha tenido una prioridad clara: rescatar las recetas ancestrales del cacao mexicano, pero sin quedarse en la nostalgia. Su taller apuesta también por la innovación, experimentando con nuevos sabores, procesos y técnicas que dialogan con la tradición y la llevan al presente. El resultado es un chocolate con identidad, carácter y un profundo respeto por su origen.

El taller no es un espacio cerrado. Al contrario, es un lugar abierto a visitantes de todas las edades, donde se explica de forma cercana el origen del cacao, su procedencia, los procesos artesanales y lo que realmente distingue a un buen chocolate. Aquí, aprender se vuelve una experiencia sensorial.

Uno de los sellos más creativos del proyecto son las catas de cacao y chocolate, diseñadas por Cristina con una mirada educativa y sensible. En ellas, las y los asistentes no solo descubren los matices del cacao mexicano, sino que también comprenden su valor cultural, social y económico. Estas experiencias, cada vez más solicitadas, dejan algo más que un buen sabor de boca: generan reflexión y conexión con quienes están detrás del cultivo.

Para Cristina Taylor, impulsar el chocolate mexicano es también una forma de justicia. Su proyecto trabaja de la mano con productores y pequeñas cooperativas, pagando siempre un precio justo por el cacao, fortaleciendo así economías locales y contribuyendo a que esta herencia milenaria sea cada vez más reconocida y valorada.


Desde su taller, Cristina demuestra que el chocolate puede ser puente entre pasado y futuro… y una deliciosa forma de transformar realidades.

 
 
 

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