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En Guadalajara, el reloj no se mide en horas: se mide en tacos

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 22 dic 2025
  • 1 Min. de lectura

Porque aquí, cada momento del día tiene su antojo específico y su esquina favorita.


Por la mañana, cuando la ciudad apenas despierta y el aroma del café se mezcla con el del asfalto fresco, aparecen los tacos de barbacoa. Vaporosos, bien servidos y con consomé al lado, son el desayuno de oficinistas, choferes y quienes saben que el día empieza mejor con tortilla recién calentada y salsa picosita. En muchos barrios, el puesto de barbacoa es punto de reunión antes de ir a chambear.


A media mañana y hasta el mediodía, los reyes absolutos son los tacos al vapor. Canastas llenas de papa, frijol, chicharrón o rajas se instalan en cada esquina, afuera de escuelas, hospitales y oficinas. Son prácticos, rendidores y profundamente tapatíos. No importa si son “de a cinco por veinte”, siempre saben a pausa necesaria.


Por la tarde, cuando el sol baja y el hambre vuelve con ganas, entran en escena los tacos de guisado. Chiles rellenos, mole, bistec encebollado, picadillo o tinga, acomodados con cuidado detrás de un vidrio empañado. Son tacos con sazón de casa, ideales para comer sin prisas y seguir el día con calma.


Y por la noche, Guadalajara no duerme: taquea. Los puestos callejeros se encienden con trompos girando, parrillas humeantes y filas de desvelados buscando pastor, asada, suadero o tripa. Son los tacos que cierran la jornada, los que acompañan la plática, la risa y el “uno más y ya”.


Aquí, los tacos no solo alimentan: marcan el ritmo de la ciudad. En cada esquina, a cada hora, Guadalajara se cuenta a sí misma… en tortilla.

 
 
 

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