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Maíz criollo: la raíz que sigue dando vida al campo mexicano

  • Foto del escritor: heyjaliscoo
    heyjaliscoo
  • 31 dic
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 2 ene


El maíz criollo no es solo un alimento: es memoria, identidad y resistencia. Presente desde tiempos ancestrales, este grano ha sido cultivado y cuidado por generaciones de campesinas y campesinos que, con paciencia y conocimiento, han conservado semillas adaptadas a la tierra, al clima y a las costumbres de cada región.


A diferencia del maíz industrial, el maíz criollo se caracteriza por su diversidad de colores, tamaños y sabores. Blancos, amarillos, rojos, azules y morados, cada uno tiene usos específicos en la cocina tradicional: tortillas, atoles, tamales, pozoles y antojitos que forman parte de la vida cotidiana en muchos hogares de México.


Su importancia va más allá de la gastronomía. El maíz criollo representa soberanía alimentaria, ya que sus semillas pueden guardarse y volver a sembrarse, fortaleciendo la autonomía de las comunidades rurales. Además, suele cultivarse con prácticas tradicionales que respetan los ciclos naturales del suelo y favorecen la biodiversidad.


En estados como Jalisco, Oaxaca, Puebla y Michoacán, el maíz criollo sigue siendo el corazón del campo y de las fiestas comunitarias. Su siembra y cosecha están ligadas a rituales, celebraciones y saberes que conectan al ser humano con la tierra.


Hoy, frente al avance de semillas modificadas y modelos de producción intensiva, el maíz criollo se mantiene como un símbolo de defensa cultural y ambiental. Protegerlo es preservar sabores, historias y una forma de entender la relación con la naturaleza.


Cuidar el maíz criollo es cuidar nuestras raíces. Porque mientras haya maíz nativo en la milpa, seguirá latiendo la identidad de México.

 
 
 

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