Rubén Fuentes, el jalisciense que hizo cantar a México
Actualizado: hace 5 horas

Hay canciones que parecen haber estado siempre ahí: en una serenata, en una fiesta familiar, en la voz de un mariachi o en ese momento en que alguien empieza a cantar y todos se saben el coro. Detrás de muchas de ellas está Rubén Fuentes, uno de los grandes compositores y arreglistas de la música mexicana.
Nacido en Ciudad Guzmán, Jalisco, el 15 de febrero de 1926, Fuentes construyó una trayectoria que llevó el sonido del mariachi a nuevos escenarios y dejó canciones que siguen formando parte de la memoria musical del país. Falleció el 5 de febrero de 2022, a los 95 años.
Del violín al mariachi sinfónico
Desde pequeño recibió formación musical de su padre, Agustín Fuentes, y aprendió a tocar el violín y el piano. En 1944 se incorporó al Mariachi Vargas de Tecalitlán, agrupación con la que desarrolló una parte fundamental de su carrera.
Su aportación más importante fue la creación del mariachi sinfónico, una propuesta que amplió las posibilidades del género sin perder su esencia. Como arreglista y director musical, ayudó a transformar el sonido del mariachi y a proyectarlo hacia públicos internacionales.
El compositor detrás de canciones que todos conocemos
Si alguna vez has cantado «La Bikina», «Qué bonita es mi tierra», «Cien años» o «Sabes una cosa», ya te has encontrado con parte de su legado.
Su catálogo también incluye «La culebra», «Las alazanas», «Flor sin retoño» y «El son de la negra», entre muchas otras piezas que se volvieron referentes de la música mexicana.
Además de componer, Fuentes fue un importante productor y arreglista musical. Trabajó con intérpretes como Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía, Jorge Negrete, Lola Beltrán, Lucha Villa, Javier Solís y José Alfredo Jiménez, entre muchos otros.
Una historia que también se escucha en Jalisco
Su relación con el Mariachi Vargas de Tecalitlán y su trabajo como productor lo convirtieron en una figura clave para la evolución de la música vernácula. Desde Jalisco, su talento ayudó a que el mariachi se escuchara en escenarios de México y del mundo.
Su trayectoria recibió reconocimientos como el Premio Jalisco, el nombramiento de Hijo Preclaro y Predilecto de Ciudad Guzmán y el galardón Gran Maestro de la Sociedad de Autores y Compositores de México. También obtuvo dos Latin Grammy, uno por «Ni princesa ni esclava» y otro por su trabajo como productor en Canciones de mi padre, de Linda Ronstadt.
Un legado que no necesita presentación
Lo bonito de Rubén Fuentes es que su música no se quedó en una época. Sigue apareciendo en las voces de nuevos intérpretes, en las fiestas, en los conciertos y en esas canciones que, aunque pasen los años, todavía nos hacen sentir algo muy mexicano.
Porque hay compositores que escriben canciones, y hay otros que ayudan a construir una identidad sonora.
Rubén Fuentes hizo ambas cosas. Y Jalisco tiene mucho que celebrar en su legado.




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