top of page
  • Facebook
  • Instagram
  • TikTok

Ignacio Díaz Morales: el arquitecto que ayudó a darle rostro a Guadalajara

Foto del escritor: heyjaliscoo
heyjaliscoo
hace 15 horas
3 min de lectura

Hay ciudades que se conocen por sus edificios, pero también hay arquitectos que terminan formando parte de la personalidad de una ciudad. En Guadalajara, uno de ellos fue Ignacio Díaz Morales, tapatío que dedicó buena parte de su vida a entender el espacio, preservar el patrimonio y construir una arquitectura donde la tradición y la modernidad pudieran encontrarse.


Nacido en Guadalajara el 16 de noviembre de 1905, Díaz Morales estudió en la Escuela Libre de Ingenieros, donde obtuvo los títulos de ingeniero civil y arquitecto en 1928. Con el paso de los años se convirtió en una figura fundamental de la arquitectura jalisciense y en uno de los impulsores de la formación profesional de nuevas generaciones de arquitectos.


Su huella puede encontrarse en distintos rincones de la ciudad. Entre sus obras y proyectos más representativos están la Cruz de Plazas del Centro Histórico, la Plaza de la Liberación, la intervención del Templo Expiatorio, la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz, el Seminario de Guadalajara y numerosas casas y conjuntos habitacionales. También participó en la conservación y transformación de edificios históricos como el Teatro Degollado, el Hospicio Cabañas y el Museo Regional de Guadalajara.


Quizá uno de sus trabajos más visibles para cualquier tapatío sea la Cruz de Plazas, concebida alrededor de la Catedral de Guadalajara. Su intención era recuperar para la ciudad grandes espacios públicos donde las personas pudieran caminar, encontrarse, sentarse y convivir. El proyecto implicó transformaciones profundas en el Centro y también la demolición de algunas construcciones históricas, una decisión que generó críticas y controversia.


Otro de sus grandes capítulos fue el Templo Expiatorio del Santísimo Sacramento. Díaz Morales retomó la obra en 1927 y durante décadas trabajó en ella, introduciendo modificaciones estructurales y una interpretación propia del lenguaje gótico, además de intervenir elementos interiores y completar espacios del conjunto. El templo que hoy forma parte del paisaje urbano de Guadalajara es, en buena medida, resultado de ese largo proceso.


Y si hablamos del Teatro Degollado, su intervención fue igualmente determinante. Entre 1962 y 1964 dirigió una remodelación que incluyó trabajos en la fachada, el pórtico y distintos elementos del inmueble, hasta su reinauguración en septiembre de 1964. Durante esta etapa quedó también asociada al edificio la frase que propuso para su frontis: “Que nunca llegue el rumor de la discordia”.


Díaz Morales también dejó una importante obra habitacional. Entre ella destacan la Casa Moragrega, la Casa Molina y la Casa Díaz Morales-González Luna, ejemplos de distintas etapas de su pensamiento arquitectónico. En sus proyectos buscaba combinar materiales, proporciones, jardines y espacios interiores con una idea que atravesó buena parte de su trayectoria: encontrar la esencia de la arquitectura sin perder la relación con el lugar.


Pero su legado no se quedó en los edificios. En 1948 fundó la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara, donde reunió a profesores mexicanos y europeos y contribuyó a formar generaciones de arquitectos que transformarían el paisaje de Jalisco. Más adelante también impartió clases de Teoría de la Arquitectura en el ITESO.


Díaz Morales murió en 1992, pero caminar por Guadalajara todavía permite encontrarse con su manera de entender la ciudad: en una plaza, una iglesia, una casa, un teatro o simplemente en esos espacios donde la arquitectura deja de ser solamente construcción y se convierte en lugar para vivir.

Porque Guadalajara también se cuenta con sus edificios, y muchos de ellos llevan la mirada de un tapatío que dedicó su vida a construir, conservar y pensar nuestra ciudad.

 
 
 

Comentarios


bottom of page