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osé Pablo Moncayo: el tapatío que convirtió a México en música

Foto del escritor: heyjaliscoo
heyjaliscoo
hace 16 horas
2 min de lectura

Hay canciones que se escuchan y otras que se reconocen desde la primera nota. El Huapango de José Pablo Moncayo pertenece a esa segunda categoría: basta que suenen sus trompetas, violines y percusiones para que aparezca una imagen sonora de México. Y detrás de esa obra que le dio la vuelta al mundo está un tapatío nacido en Guadalajara.


José Pablo Moncayo García nació el 29 de junio de 1912 en Guadalajara, Jalisco. Desde pequeño tuvo acercamiento con la música y posteriormente se trasladó con su familia a la Ciudad de México, donde ingresó al Conservatorio Nacional de Música. Ahí estudió con figuras como Candelario Huízar y Carlos Chávez, mientras comenzaba a construir una trayectoria que lo llevaría a ser pianista, percusionista, compositor, maestro y director de orquesta.


Moncayo formó parte, junto con Blas Galindo, Daniel Ayala y Salvador Contreras, del llamado Grupo de los Cuatro, una generación de compositores interesada en desarrollar una música mexicana con identidad propia. Su obra no se limitó a una sola pieza: compuso música de cámara, obras sinfónicas, ballet, ópera, música coral y piezas para cine.


Pero llegó el Huapango.


La obra fue compuesta en 1941, después de que Moncayo viajara a Alvarado, Veracruz, donde entró en contacto con la música del fandango y los sones de la región. Para crearla tomó como base tres sones veracruzanos: “Siquisirí”, “Balajú” y “El Gavilancito”, transformándolos para una gran orquesta sinfónica.


El resultado se estrenó el 15 de agosto de 1941 en el Palacio de Bellas Artes, interpretado por la Orquesta Sinfónica de México bajo la dirección de Carlos Chávez. Desde entonces, aquella composición se convirtió en una de las obras mexicanas más reconocibles dentro y fuera del país.

Y aunque el Huapango suele ser la puerta de entrada para conocer a Moncayo, su legado va mucho más allá. Obras como Tierra de temporal, Sinfonietta, Cumbres, Bosques, Muros verdes y La mulata de Córdoba muestran a un compositor interesado en explorar distintas formas y sonidos, con la naturaleza y el paisaje mexicano como una de sus fuentes de inspiración.


José Pablo Moncayo murió en la Ciudad de México el 16 de junio de 1958, pero su música siguió viajando. Y cada vez que el Huapango vuelve a llenar una sala de conciertos, hay algo de Guadalajara que también se escucha.


Porque Jalisco no solamente ha dado voces, mariachi y canciones al mundo: también dio a uno de los compositores que convirtió el sonido de México en música sinfónica.

 
 
 

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